Testimonios Unicis – San Valentín 2003

Hace ya años que conocí Unicis a través del consejo de una buena amiga. Ella había acudido a esta agencia matrimonial para encontrar a un hombre que fuese bueno con ella y con aficiones comunes. Su marido es una persona maravillosa que se porta muy bien con ella y yo quería encontrar algo parecido para mí.

Empiezo mi historia presentándome. Mi nombre es Ana y como decía al principio, una amiga me habló de Unicis. Ella había conocido a su marido a través de esta agencia matrimonial y llevan muchos años juntos. Yo quería encontrar a un hombre que estuviera junto a mi, que compartiese mis aficiones, mi gusto por la vida sencilla, la curiosidad que siento por la historia universal y que estuviese a mi lado en todo momento.

Unicis me ayudó a encontrar al hombre de mi vida.

Acudí a la delegación de Unicis más cercana a mi vivienda y me recibieron con una amabilidad exquisita. Allí me explicaron en qué consiste el servicio y las distintas actividades que van a realizar hasta que encuentren una pareja compatible conmigo.

Al salir estaba totalmente convencida de que quería seguir adelante y de que Unicis es la mejor forma de encontrar pareja. Unos días después realicé la entrevista y me dijeron que, en pocos días, se pondrían en contacto conmigo. Era el mes de enero de 2003 y quería comenzar el año con un cambio radical en mi vida.

Pasaron los días, comenzó febrero y yo ya estaba muy nerviosa porque no me llamaban desde la agencia… hasta que un día sonó mi teléfono móvil. Era mi asesora de Unicis y quería ponerme en contacto con Álvaro.

Álvaro era un hombre con la misma edad que yo, que había estudiado arquitectura y se dedicaba al interiorismo a tiempo completo. Según me dijeron por teléfono, había muchas posibilidades de que fuésemos compatibles y decidimos quedar.

La Agencia Matrimonial me ayudó a fijarme un objetivo y a conseguir el amor.

Nuestra primera cita fue maravillosa, el día 11 de febrero de 2003. Empezamos a hablar y automáticamente me sentí como si lo conociese de toda la vida. El tiempo pasó volando y cuando nos quisimos dar cuenta ya era hora de cenar.

Decidimos separarnos y quedar otro día, porque a la mañana siguiente teníamos que madrugar. Dejamos esta segunda cita para ese viernes y yo ya no podía resistir las ganas de volver a estar con él.

Desde ese momento, estas fechas cercanas a San Valentín de 2003, no me he vuelto a separar de Álvaro. Ya somos cuatro en casa y estamos igual de enamorados que el día en el que nos conocimos.

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